Por Redacción de La Coyuntura
En los años pares, la política se mueve en dos velocidades simultáneas: la del gobierno, que administra el presente, y la de los que empiezan a posicionarse para el futuro. El 2026 no es la excepción. Aunque las elecciones de 2027 parecen lejanas en el calendario, en los despachos, los pasillos legislativos y las mesas chicas de los partidos entrerrianos ya se hacen las primeras cuentas.
Como señalaba el economista Anthony Downs, los actores políticos no se limitan a expresar posiciones, sino que se mueven estratégicamente para maximizar sus posibilidades electorales. En ese marco, incluso cuando falta más de un año para votar, el sistema empieza a ordenarse: se definen posicionamientos, se ensayan alianzas y se testean nombres en función de una competencia que, aunque todavía no es visible para el electorado, ya está en marcha.
El factor tiempo: ¿Se adelantan las elecciones?
Uno de los supuestos que más circula en las esferas políticas es la posibilidad de un adelantamiento electoral. El escenario tiene dos variantes. La primera es institucional: la Casa Gris conserva la herramienta del desdoblamiento que podría ser utilizada. La segunda es de orden nacional: dentro de los equipos del gobierno del Presidente Javier Milei se baraja la posibilidad de adelantar las elecciones ante la preocupación de que la economía no recupere tracción antes de octubre de 2027. Si esa apuesta se concretara, el mes de las elecciones podría ubicarse entre mayo y junio.
Ese escenario de adelantamiento estaria comprimiendo los tiempos de todos los actores. Lo que en otro contexto hubiera sido una definición para el segundo semestre del año se convirtió en una discusión del primero.
La PASO: la herramienta que nadie quiere perder
En ese contexto se inscribe el debate sobre la continuidad de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, que el gobierno nacional impulsa eliminar. Buena parte del arco político entrerriano no parece dispuesta a resignarlas.
El motivo es concreto: las PASO demostraron en 2023 ser una herramienta de ordenamiento interno eficaz. Juntos por el Cambio las utilizó para dirimir una interna feroz entre Galimberti y Frigerio; el resultado no sólo ungió al ganador sino que ordenó el resto de las listas hacia abajo. Sin esa válvula de escape, la tensión interna hubiera sido mucho más difícil de gestionar. En ese esquema, el radicalismo aparece como uno de los sectores que más tendría para ganar con una eventual PASO, ya que le permitiría disputar lugares en las listas y evitar quedar relegado, como ocurrió en 2025.
El peronismo, por su parte, también tiene razones propias para valorar las primarias. En un espacio que históricamente necesitó mecanismos institucionales para procesar sus disputas internas, las PASO han operado —cuando funcionaron— como uno de los arbitrajes posibles para los momentos en que la conducción no alcanza para imponer un solo candidato. A nivel nacional, algunos dirigentes hablan de construir un gran frente opositor contra La Libertad Avanza donde, retomando la vieja máxima peronista de que “el que gana conduce y el que pierde acompaña”, el resultado de la interna ordene al conjunto. La historia reciente en Entre Ríos sugiere que ese modelo es más fácil de enunciar que de implementar. El que pierde, en general, se enoja y se va.
La elección de 2025 ofrece una lección concreta en ese sentido. Sin P.A.S.O., la oferta antiperonista se unificó bajo una lista donde predominaron la simbología, los colores y los candidatos de La Libertad Avanza. El resultado fue una performance electoral importante. El peronismo, fragmentado en varias expresiones, no pudo traducir su caudal potencial en bancas. Vale la aclaración: incluso sumando todas sus expresiones, el peronismo igualmente hubiera perdido frente al oficialismo en ese escenario. Aun así, el costo para el gobernador Frigerio fue alto: de cinco bancas en juego, el oficialismo conservó dos propias en diputados y perdió toda representación en la Cámara de Senadores.
La alianza del 25: ¿se renueva para el 27?
El oficialismo provincial enfrenta para 2027 una disyuntiva que todavía no tiene respuesta: ¿renovará la alianza con La Libertad Avanza que tan bien le funcionó en 2025, o el partido de Karina Milei mantendrá la tendencia a postular candidatos propios sin alianzas con fuerzas del sistema anterior?
Si la coalición se renueva, las condiciones serían similares a las del 25: según se comenta, los libertarios pedirían encabezar las boletas en los principales distritos de la provincia, incluyendo eventualmente las intendencias. El problema para el radicalismo es que esa lógica lo condena a un rol paradójico: es el socio con mayor arraigo territorial en el interior, pero correría el riesgo de poner la estructura y ceder la vidriera. ¿Qué lugar ocupará en esa negociación? ¿Volverá a quedar relegado, como en 2025?
El peronismo: el desafío de siempre, pero más urgente
El peronismo entrerriano llega al 2026 con el mismo desafío estructural del 25, pero con el agravante de que los tiempos se acortaron y los nombres ya empezaron a moverse. La pregunta central sigue siendo la misma: ¿puede el peronismo entrerriano construir una propuesta que sintetice sus distintas expresiones internas y presente al mismo tiempo una oferta atractiva para el electorado?
Es un espacio con varios apellidos que ya circulan para la gobernación, con trayectorias, bases territoriales y lecturas distintas del momento político. La historia reciente enseña que el peronismo entrerriano tiene capacidad para movilizar pero dificultades para unificarse cuando no hay una conducción nacional fuerte que baje una línea clara. En este contexto, donde el peronismo nacional también está en proceso de reconfiguración, ese paraguas externo llega débil. Las PASO, justamente, serían el mecanismo más natural para ordenar esa interna. Eliminarlas dejaría al espacio frente a una definición para la que históricamente no ha encontrado un método alternativo eficaz.
En política, los tiempos formales rara vez coinciden con los tiempos reales. Y en Entre Ríos, donde las definiciones suelen cocinarse lejos de los micrófonos, lo que hoy se discute en voz baja —acuerdos, candidaturas, reglas de juego— será lo que termine decidiendo quiénes llegan competitivos al 2027 y quiénes quedan en el camino antes de que empiece la carrera visible.
