Cómo la ley de tierras se volvió tema de una generación

Ago 5, 2026 | POLÍTICA

El Gobierno retiró este miércoles el capítulo de extranjerización de tierras del proyecto que el Senado trata mañana. No hizo falta una elección ni un paro: bastaron tres semanas en las que un expediente técnico se convirtió en causa popular, con una bandera improvisada por Malvinas en una tribuna como puerta de entrada


El retroceso

La sesión del jueves 6 de agosto se mantiene, convocada para las 14. Pero el texto que llega al recinto ya no es el mismo. Después de una reunión fallida con los bloques aliados, la jefa del bloque de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, anunció la exclusión del título que modificaba la Ley de Tierras Rurales. Quedan en pie los capítulos sobre Manejo del Fuego, expropiaciones y desalojos.

Fue el último paso de una retirada en tres tiempos. El proyecto original, impulsado por el ministro Federico Sturzenegger, eliminaba lisa y llanamente los límites a la compra de campos por capitales extranjeros. Una primera concesión reconoció a las provincias la facultad de dictar su propia normativa. Una segunda, plasmada en el dictamen del martes, cambió la eliminación del tope por una suba: del 15% al 25% de la superficie rural de cada provincia. Y este miércoles, ante la pérdida de votos, cayó el capítulo entero.

El desencadenante inmediato fueron los gobernadores. Neuquén, Misiones y Tucumán —tres provincias que el oficialismo contaba entre sus aliadas— se pronunciaron en contra en cuestión de horas, y detrás se corrieron senadores de La Pampa, Catamarca y Salta. El misionero Hugo Passalacqua lo hizo con una frase que podría haber salido de cualquiera de las redes que venían militando el tema: “Lo que amamos no se vende”.

Para entender cómo se llegó hasta ahí hay que volver tres semanas atrás, a un estadio en Atlanta.

La escena

El 15 de julio la Selección le ganó 2 a 1 a Inglaterra y se metió en la final del Mundial. Horas antes, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, había confirmado que la organización prohibía el ingreso de mensajes políticos al estadio y mencionó expresamente las referencias a Malvinas entre los ejemplos vetados.

Terminado el partido, una bandera improvisada con una sábana de hotel bajó de la tribuna y llegó a los jugadores. La leyenda —”Las Malvinas son argentinas”— le valió una respuesta presidencial: Javier Milei calificó el gesto como un berrinche de “adolescente termo mononeuronal”.

Al día siguiente, 16 de julio, el Senado debía tratar el proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Hubo quórum, pero Bullrich pidió un cuarto intermedio: no tenía los votos. Era el cuarto intento fallido. Pablo Volkind, del Observatorio de Tierras, sostiene que el triunfo ante Inglaterra y la bandera fueron determinantes en esa caída; los tres intentos anteriores, recuerda, habían quedado atravesados por otras coyunturas.

Ahí empieza esta historia: no en el recinto, sino en una tribuna.

Los que tomaron el tema, a nivel nacional

En las redes, el reclamo lo levantaron figuras con audiencias masivas y jóvenes. Malena Pichot abrió la conversación con un video de dos minutos. Dillom desplegó una bandera argentina con la leyenda “La patria no se vende, 6/8” durante un recital junto a Milo J y Trueno en Central Park, Nueva York. Ca7riel publicó un video advirtiendo que quieren vender la Patagonia, y Paco Amoroso hizo lo propio en sus redes. Martín Cirio, La Faraona, convocó desde su streaming. Dolores Fonzi llamó a movilizar. Emilia Mernes —que construyó su carrera esquivando sistemáticamente cualquier definición política— difundió un video de Amnistía Internacional.

En las últimas horas la lista se ensanchó. Lali Espósito compartió la convocatoria del Observatorio de Tierras y grabó un video llamando a la plaza. Tini Stoessel publicó una imagen de la bandera argentina con la misma frase de Dillom. Nicki Nicole replicó una placa con datos: trece millones de hectáreas en manos extranjeras, una superficie que el material comparaba con Santa Fe, Grecia, Inglaterra y once veces las Malvinas. Y Lisandro Martínez, campeón del mundo, escribió que las tierras argentinas no se venden.

Ninguno de ellos es dirigente. Ninguno venía militando el tema. Todos juntos tienen más alcance sobre menores de treinta años que la totalidad del arco político.

El mecanismo de esa traducción tiene un dato revelador: lo que Lali y Nicki Nicole hicieron circular no fueron consignas propias, sino las placas del Observatorio de Tierras, el equipo de la UBA y el CONICET que releva propiedad extranjera con datos oficiales. Un informe académico entró a las historias de Instagram sin intermediarios partidarios. Ese, y no otro, fue el camino.

Cuatro rasgos de una bandera que prendió

Sobre esta generación pesa un diagnóstico instalado: que es apática, individualista, refractaria a cualquier causa colectiva. Lo que pasó en las últimas tres semanas sugiere algo distinto, y la explicación no es que de golpe se interesaran por la política.

Es que apareció una forma de participar que no exigía afiliarse a nada. Ese es el punto: no faltaban ganas, faltaba canal. Durante años, involucrarse en un asunto público implicaba entrar por la puerta de un partido, un centro de estudiantes o una agrupación, con todo lo que eso arrastra en términos de identidad y de costo social. Esta causa no pidió nada de eso. Alcanzaba con compartir.

De ahí que no cualquier bandera sirva. Las que prenden tienen rasgos reconocibles, y esta los tenía los cuatro.

El primero es que se trata de algo material y ubicable. No una discusión ideológica sobre el rol del Estado, sino tierra, agua, ríos, frontera. Cosas que se pueden señalar en un mapa.

El segundo, y el decisivo, es que no tiene dueño partidario. El reclamo circuló sin que nadie debiera anotarse en un espacio político para sumarse, y eso permitió que una cantante que jamás opinó de política subiera una convocatoria sin sentir que estaba eligiendo bando.

El tercero es que tuvo fecha y lugar. El 6 de agosto, el Senado, la Plaza 1° de Mayo. Una causa con día en el calendario se puede compartir; una causa difusa, no.

Y el cuarto es que fue traducible al idioma propio. Nadie tuvo que explicar la Ley 26.737 para que el tema circulara: alcanzó con una bandera en una tribuna y una consigna prestada del fútbol.

El caso entrerriano: Jóvenes por el Clima

Esos cuatro rasgos tienen, en Entre Ríos, un canal concreto: Jóvenes por el Clima Entre Ríos, una organización que nació hace pocas semanas y que hoy es una de las convocantes de la marcha del jueves. Agustina Tisler, una de sus integrantes, dialogó con La Coyuntura.

Abrimos Jóvenes por el Clima Entre Ríos hace muy poquito porque veíamos que había muchos jóvenes con ganas de involucrarse en causas sociales y ambientales, pero que muchas veces no encontraban un espacio para hacerlo si no era desde un partido político tradicional. Fue con la idea de construir un lugar abierto, plural y con un objetivo común: trabajar por el presente y el futuro de nuestra provincia.

Agustina Tisler, de Jóvenes por el Clima Entre Ríos, a La Coyuntura

La propuesta, dice Tisler, es formar una red de jóvenes entrerrianos donde puedan aprender, capacitarse y transformar esa preocupación en acciones concretas, sin que importe si alguien estudia, trabaja, milita o nunca participó de una organización. También buscan tender puentes entre disciplinas: profesionales, estudiantes y emprendedores con recorridos distintos, bajo la idea de que los desafíos ambientales piden miradas diversas.

Creemos que el debate por la ley de tierras mostró algo muy importante: que hay una generación que quiere participar cuando siente que los temas la interpelan y cuando encuentra espacios donde su voz realmente tiene lugar. Nosotros buscamos ser uno de esos espacios en Entre Ríos.

Agustina Tisler

Esa lectura se ve en la propia convocatoria. La movilización del jueves no se limita a la capital: hay actividades previstas en Paraná, Victoria, Colón, Gualeguaychú, Concepción del Uruguay, Concordia y Nogoyá. En Paraná arranca a las 12 con una volanteada en Peatonal San Martín, sigue a las 15 en Plaza 1° de Mayo y de ahí marcha a Casa de Gobierno, bajo la consigna “Defendamos el territorio, dentro y fuera de la cancha”. Convocan el MST Entre Ríos, la Red Ecosocialista y otras organizaciones socioambientales, entre ellas Jóvenes por el Clima. La semana pasada ya hubo una volanteada previa en el Balneario Municipal.

El material que circuló para difundir esas convocatorias muestra cómo se hizo la traducción. Una serie de placas retomó los datos del Observatorio de Tierras y los convirtió en unidades reconocibles: Entre Ríos es la decimoquinta provincia del país por porcentaje de tierras rurales en manos extranjeras, y las casi 247.000 hectáreas equivalen a dieciocho veces el ejido de Paraná, unas treinta veces el Parque Nacional El Palmar o 345.938 canchas de fútbol.

Nadie necesita entender la Ley 26.737 para procesar eso. Es la misma operación que a nivel nacional hizo circular Nicki Nicole, solo que traducida al mapa propio: allá la comparación fue con Santa Fe, Grecia e Inglaterra; acá, con El Palmar y el ejido de la ciudad. Y no es casual la unidad de medida elegida: la red nacional de asambleas que empuja la marcha frente al Congreso, con acciones en al menos veinte provincias, se llama “Ponete la camiseta”. Que las consignas y hasta las escalas de una protesta por la propiedad de la tierra estén tomadas del vocabulario futbolero no es una ocurrencia de marketing: es la evidencia más concreta de por dónde entró el tema.

Qué se retiró y qué queda

El capítulo que cayó modificaba la Ley de Tierras Rurales, la 26.737, sancionada en 2011, que fija tres candados: un techo del 15% de tierras extranjerizadas a nivel nacional, provincial y departamental; un máximo de 1.000 hectáreas por titular extranjero en la zona núcleo o su equivalente regional; y la prohibición de comprar predios ribereños de cuerpos de agua permanentes o ubicados en zonas de seguridad de frontera. Todo eso, por ahora, sigue vigente.

Para Entre Ríos, el quinto informe del Observatorio de Tierras contabilizó en julio 246.905 hectáreas en manos extranjeras, el 3,23% de la superficie rural. Los departamentos más comprometidos están sobre el Paraná: La Paz, con 8,76%, y Gualeguay, con 8,57%. El porcentaje provincial está lejos del tope del 15%, de modo que la ley vigente hoy no funciona acá como restricción efectiva. La discusión nunca fue que el techo estuviera por caerse: era qué ocurría el día que dejara de existir en una provincia con dos ríos, más de tres mil microcuencas y condición de frontera.

Uno de los defensores más explícitos del proyecto fue el senador nacional por Entre Ríos Joaquín Benegas Lynch, que lo planteó en términos de precio: una hectárea que hoy vale 2.000 o 3.000 dólares podría trepar a 6.000 o 7.000 si se abría la demanda externa, según consignó Página Política. La objeción del otro lado es que un campo más caro no beneficia a quien no tiene campo propio. Juan Echeverría, de Hernandarias, exdirigente de la Federación Agraria, describe lo que ya pasa en su zona: donde se pagaban seis quintales fijos por hectárea de alquiler, los pools locales ofrecen diez.

Conviene no confundir un capítulo con la ley entera. Lo que mañana se vota sigue incluyendo los cambios al régimen de expropiaciones y desalojos, que tocan de lleno la capacidad del Estado provincial y de los municipios para declarar la utilidad pública de un terreno. Ese debate, mucho menos visible, recién empieza.

Lo que falta saber

Conviene ser preciso con lo que este episodio muestra. No hay todavía un liderazgo juvenil organizado: quienes vienen trabajando el tema hace años son organizaciones rurales, territoriales y ambientales, y los artistas amplificaron algo que ya estaba armado. Tampoco fue solo la presión social: los gobernadores que rompieron tenían sus propias cuentas pendientes con la Casa Rosada, y varios ya habían mandado proyectos de tierras a sus legislaturas.

Pero algo se tocó. Un proyecto que el oficialismo daba por encaminado perdió, en tres semanas, primero los límites de su ambición y después el capítulo entero, sin que mediara una elección ni un paro general.

La última vez que Paraná vio una causa socioambiental con fuerte presencia juvenil fue en 2020, con la Multisectorial por los Humedales, nacida al calor de los incendios en las islas. Aquella energía se dispersó cuando el fuego dejó de verse desde la costanera. La pregunta que deja este jueves ya no es si el capítulo se aprueba: es si esta vez la bandera dura más que la coyuntura que la levantó.

Un tema que vivía en comisiones y papers hoy circula por streamings, recitales y plazas a lo largo del país. Y llegó lo bastante lejos como para hacer retroceder al Gobierno antes de entrar al recinto.

Fuente: La Coyuntura