Por Redacción de La Coyuntura
Rogelio Frigerio y Horacio Marín firmaron este lunes en Buenos Aires un convenio marco entre Entre Ríos e YPF. Con este acuerdo, el gobernador busca que la provincia deje de ser solo la cantera de Vaca Muerta y pase a jugar en toda la cadena del principal desarrollo energético del país. El convenio tiene una vigencia inicial de tres años.
El eje central es la arena silícea, el insumo que se usa en la fractura hidráulica para mantener abiertas las grietas de la roca. Provincia y petrolera buscarán ampliar la actividad minera y mejorar la infraestructura vial, ferroviaria y fluvial para sacar la producción hacia Neuquén.
El convenio no parte de cero. Entre Ríos ya es la principal proveedora de arena de Vaca Muerta, con cerca del 70% del total, e YPF opera su propia cantera en Ibicuy. El negocio viene en alza: en lo que va del año, la producción arenera entrerriana creció fuerte y la recaudación minera se duplicó. Marín no ahorró elogios y dijo que la arena entrerriana es la mejor que encontraron en el país.
El problema es llevarla. Una tonelada que sale del sur entrerriano a poco más de 20 dólares termina costando varias veces más al llegar a los pozos, después de 1.300 kilómetros de camión y una maraña de tasas provinciales y municipales. Ahí apunta el acuerdo, y de ahí sale su principal promesa.
La agenda va más allá de la arena. YPF y el gobierno provincial trabajarán para sumar pymes entrerrianas a la red de proveedores de la petrolera y evaluarán nuevas estaciones de servicio en corredores estratégicos. También hay capítulos de electromovilidad y de telemetría para la flota de vehículos del Estado. Otro punto tiene guiño al agro: estudiar la reconversión de activos de YPF para almacenar aceites vegetales. Además, se prevé trabajar con los municipios en incentivos fiscales para atraer inversiones.
Frigerio exhibe la firma como la oportunidad de que Entre Ríos sea “protagonista” de la transformación energética, con inversiones y trabajo para los entrerrianos.
Pero la letra chica aclara que el convenio marco no compromete por sí mismo fondos específicos. Cada proyecto deberá bajarse después a acuerdos particulares, y recién ahí se definirán inversiones, responsabilidades y plazos. La foto con Marín abre una puerta, pero el volumen real del acuerdo se medirá en cuántos de esos convenios se firmen y cuántos se concreten.
Resta ver qué pasa con el frente ambiental en Ibicuy. Allí, vecinos, productores y abogados vienen denunciando el impacto de las areneras sobre el agua subterránea, los médanos y los humedales del Delta. Si la producción crece como promete el acuerdo, ese debate va a volver a la mesa.
